miércoles, 1 de septiembre de 2010

"La sujeción y la obediencia"

Pastor Pedro Carrillo Escorcia

Texto: Hebreos. 13:17
"Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso".

Introducción:
A veces se piensa que la palabra sujeción y obediencia son iguales, pero cada una de ella tiene su definición y su aplicación de manera diferente.

Obedecer: El término obediencia (del Lat. ob audire = el que escucha), al igual que la acción de obedecer, indica el proceso que conduce de la escucha atenta a la acción, que puede ser puramente pasiva o exterior o, por el contrario, puede provocar una profunda actitud interna de respuesta. En resumen, obedecer es acatar una orden dada y realizarla.

Sujeción a la autoridad: Es el reconocimiento de la autoridad espiritual que tienen los que están por encima de nosotros, en este caso el Pastor.

Desarrollo:

I. Puede haber obediencia sin sujeción.
Algunas personas pueden acatar una orden dada por un superior, refunfuñando en su interior y renegando de esa autoridad que le dio la orden. Aunque exteriormente hay una obediencia, interiormente hay falta de sujeción. Lo contrario a esto, el que es sujeto es obediente, puesto que el sujeto acepta en su corazón la autoridad del que le manda. 


II. La sujeción reconoce la autoridad.
En el plano espiritual no hay distintivos que muestren los niveles de autoridad que se tiene, no es como los militares, que tienen insignias que los deferencia los unos de los otros. En lo espiritual es el reconocimiento y aceptación de la unción de autoridad que fue depositada en dicha persona que fue colocada en ese cargo. Si Dios lo colocó, lo aceptamos.

III. La autoridad no depende del tipo de personalidad.

"Ninguno Tenga en Poco tu Juventud" (1 Timoteo. 4:12)


Por el hecho de que mi jefe inmediato es extrovertido y juguetón, voy a irrespetarlo. Aunque su forma de ser sea de esa manera, entiendo y reconozco la unción de autoridad que reposa sobre él, y me sujeto sin vacilar.
Es posible que alguien sea menospreciado en su autoridad por la edad, por el temperamento, por ser mujer o por su nivel de estudio, aquí el problema no es para el que es despreciado, en este caso el mal se lo hace el que menosprecia a su jefe inmediato.
    David, Salomón, Timoteo, Josías y José fueron utilizados siendo muy jóvenes, y los de su época reconocieron la autoridad que había en ellos. Depronto su apariencia no era la de un ogro que intimida, más bien lo que inspiran es ternura, pero tienen una unción de autoridad de parte de Dios y debemos sujetarnos.

III. Los defectos no invalidan la autoridad.

En los jefes inmediatos pueden haber algunos defectos o cometer errores, pero eso no es motivo para despreciar su autoridad. Un caso real y de mucho ejemplo era el de David y Saúl. Saul no era un dechado de virtudes, pero era el Rey y eso le daba autoridad espiritual sobre todo Israel. David a pesar que le incitaban a despreciar a Saul, y aunque era perseguido por él, se mantuvo obediente hasta que Dios lo quitó del camino.

IV. La confianza no quita la autoridad.

"Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor" Efesios 5:22

Sucede a veces el caso en que la persona puesta en autoridad es nuestro mejor amigo. ¿Por esa razón lo debo de irrespetar? De ninguna manera, es el caso por ejemplo de la esposa, la cual convive a diario con su marido ¿Por esa razón lo debe de irrespetar? No, aunque tengamos confianza, debemos ver y reconocer esa autoridad espiritual que reposa sobre él como cabeza del hogar.

Conclusión:
A toda persona que fue colocada sobre nuestra cabeza como autoridad, debemos respetarle y acatar sus ordenes. Que su corazón sea humilde y nunca hablemos mal de nuestra autoridad, eso desautoriza su poder sobre nosotros.

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